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2 de marzo de 2009

La historia con Juank (V)

Virgin!
- No. No puede ser que ahora nos cruzamos por la calle y no nos saludamos. No aguanto más. Le digo que estoy cerca de su casa y que me de cinco minutos así me desahogo…
amiga
- Calmate, ya está. No vas a lograr nada hablando con él ahora… Acordate que ese chico cuando quiere es muy hiriente…
Virgin!
- Pero quiero saber… si estamos todo bien o mal. Y si es q no va a pasar nada entre nosotros al menos que quedemos bien. Que al menos cuando lo vea lo pueda saludar, que este todo bien…
amiga
- No tiene sentido que vayas… por amor propio no lo hagas… Te calmas, deja que pase el tiempo… va a ser lo mejor…

Ejemplo del tipo de conversaciones que tenía con amigas. Gracias a Dios existen.

Un par de días pasaron… y nuevamente el MSN es el punto de unión.

Manda un zumbido, saludos cordiales de rigor.
No puedo con mi genio y le pregunto si nos podemos ver. Se lo pregunto con la mayor cordialidad posible, intentando no invadir, obligar, o herir susceptibilidades (como últimamente todo lo agarraba para cualquier lado, mejor prevenir). En realidad ahora no sé por qué tomé tantos recaudos.

Manda una frase de winner… “tiempo para vos tengo siempre”…
Ja. Contate otra, era la respuesta más coherente. Pero no, ignoré la frase y quedamos en que en la semana, cuando él volviera a la Capital, me avisaba y nos veíamos.

Nunca le quedó bien hacerse el ganador.


10 de febrero de 2009

La historia con Juanka (IV)

A pesar de la pelea cibernética, me aferraba a sus últimas frases como fuente de esperanza…

“está todo ok, ok???” “Después hablamos”

Tal vez (sólo tan vez), si en verdad tanto lo hubiese molestado, era más fácil mandarme a la parte más alta de los mástiles de la carabelas (léase, al carajo), y no haber dejado la puerta entreabierta. O cerrada, pero sin llavear…

El dolor en el pecho pesistía. Las ganas de verlo también. Mis ruegos por encontrarlo de casualidad por algún lugar fueron escuchados.

Mientras hacía la cola del cajero del banco con mi prima, me dice que en la vereda que da al frente, había llegado Juanka. Estaba ahí con “los vagos”. El vidrio de las paredes lo reflejaban y lo podía ver. No tuve los ánimos suficientes para darme vuelta y con toda naturalidad saludar. Aunque sabía que, tal vez, era lo más políticamente correcto por hacer, no pude. No sé por qué.

Cuando entraba al cajero, vi cómo se iba.

Por supuesto, me arrepentí. Pero ya no lo había hecho.

También me lo crucé a la salida de los carnavales. Él manejaba su camioneta. Yo en la vereda con la familia. Por la cantidad de autos, justo frenó bien cerca nuestro. Tampoco hubo saludo.

Me empecé a desesperar. Realmente parecía que la puerta había sido llaveada y ya no era invitada a pasar. Las cosas cada vez se ponían peor.

5 de febrero de 2009

La historia con Juank, hoy (III)

(O... El obligado MSN de por medio)

Ese lunes era uno más. Con Juanka desaparecido, sin haber contestado ni uno de los dos mensajes que le había escrito en esos días, mi única preocupación era el estudio.

No había lugar para replanteos. De lo mucho que quería decir, poco se había declarado (o aclarado), en ese largo mensaje. Y esa era mi única fuente de expresión frente a su ausencia. Hasta ese lunes...

Cuando me disponía a disfrutar mi serie favorita (más inoportuno no pudo ser), repentinamente se dignó a hablarme en el MSN. No a hablar, a discutir.
“Hey, che, una cosita nomás”, fueron sus primeras líneas, “Nunca pensaste que no tenía crédito???”

El mundo casi se derrumba frente a mi. Cómo le explicaría que no creo en eso, que en mi mente son mentiras inventadas por alguien que trata de excusarse de algo y que su no-respuesta era más concordante con sus actos de indiferencia que con una mera “falta de crédito”.

Mis intentos fueron en vano. Él tenía todos los pretextos que quisiese para considerarme la “loca que se da manija sola cuando no respondo”. Pero no tendría que ser así, ¿Cuánto tiempo claramente me esquivó después de estar a un paso de ser algo?

El desencadenante de la pelea fue ese estúpido mensaje del sábado por la noche, pero aprovechó la discusión. Me recriminó mensajes que le había mandado en año nuevo.

Frente a su alejamiento y a sus rodeos, una persona que estaba ebria y desesperada por llamar su atención (es decir, yo), intentó las formas más persuasivas y más grotescas para encontrarse con él. Sin resultados, por supuesto.

Está bien, una señorita decente no debería insistir a un señor para que la pase a buscar de una fiesta, sobre todo en determinadas formas. Pero fue sorprendente lo que me reprochó de ese día:

“por qué vos podes retarme a mí??” – creo que ese día lo que menos hice fue parecerme a su vieja, mucho menos “retándole”
“q derecho tenés a determinar como va mi vida?” – ¿así que ahora hablamos de un plano más amplio? No quería determinar tu vida, ¡sólo cómo terminar esa noche!
“te enojás porque estoy con mis amigos, y en otro lado” – ahí sí derrapó. Tal vez me enojé, pero tus amigos no son vela de este entierro...

En esa discusión, donde la única testigo era la fibra óptica, tuve todas las de perder. Su actitud era la que me destrozaba...

“estás bien de la cabeza...”, eran las frases que más dolían, “vos estás ´escuchando´ lo que me decís???”, era lo que recibía después de una absurda respuesta mía, “noooooo, dejá nomás”. Todas las palabras que yo elegía, fueron siempre las incorrectas.

Mi vulnerabilidad no se puede sumar a una discusión, es obvio que ahí pierdo...

Terminó el chat diciendo “está todo ok, ok???????” Yo insistía con que no estaba nada ok. “Me voy, después hablamos”... y se fue.

Si ese sábado los escuchaba a Cerati diciendo “Tal vez no hablar de más, el silencio no es tiempo perdido”, me hubiese atragantado mis pensamientos mientras seguía mirando la tele.

Y no estaría ese lunes, después de perderme Sex and the City, con el corazón en la mano, un malestar en el pecho que por momentos vuelve y, sobre todo, una gran sensación de impotencia.

Ya nada se puede hacer.









29 de enero de 2009

La historia con Juank, hoy... (II)

(O... De cómo una gambeta de más puede hacerte perder un gol...)


Siendo honesta, el nudo en la garganta no lo tuve porque no había respondido. El problema vino bastante después.


En ese momento estaba dispuesta a que pase cualquier cosa. Ya me cansé después de tantos meses, estar pendiente de él, a la expectativa de ver si en algún momento se sacaba algunos de los caparazones que siempre viste y que en todo momento nos complicaron a la hora de demostrar algún tipo de sentimiento, algunos de los afectos que tan bien guardó…

Me harté y dije basta. Está bien, no me contestas el mensaje, como quieras. Lo tomo como un acto de indiferencia más como los que me viniste demostrando este último mes. Este desinterés fue la prueba que necesitaba para dar el punto final a una historia que nunca comenzó, donde la introducción se hizo eterna y los protagonistas nunca se decidieron a dar el primer paso.

Ahora sí tenía toda la energía y convicción requeridas para olvidarlo y pasar a otro tema.


...O al menos así lo creí hasta el sábado.
Sábado 24, 22:10 hs: Boca – River.



Todavía hoy no entiendo cómo un acontecimiento que casi no tiene relación con nuestra historia, me sacudió tanto la conciencia.
Los primeros veinte minutos del partido no me pude concentrar. Me acordaba de él. De cuantas veces había imaginado juntarnos a ver el partido, cervezas y papas fritas mediante. De cuantas veces peleábamos. Yo Boca, él River. De que no me daba bola en las peleas, porque decía que una mujer no podía opinar de fútbol y era inútil discutir conmigo. De cuantas veces yo le expliqué el off side, invalidando su frase que decía que ninguna mujer puede entenderlo. “Las deja totalmente anuladas” decía; y yo, como siempre, iba en contra de sus reglas.

Como no tenía nada por perder, sin dejar de mirar el partido y celular en mano, me dispuse a escribir minuciosamente…


“No sabes como me hubiese encantado ver un partido de estos con vos (los del torneo no porq ya son más en serio, ja), a pesar d q pienses q las mujeres no sepamos d fútbol. Respeto tus silencios, pero si entiendo la ley del off side… xq no voy a poder entender q pasó, q hice o q cambió para q todo quede así nomás? No t preocupes, no espero q me respondas si no queres, pero tenía q escribirte, y quedate tranqui q ya no te jodo más. Un beso enorme.”


Me saqué las ganas. En el entretiempo (nunca hay que hacerlo durante el partido, y hasta que termine no podía aguantar), dije lo que tanto tenía atragantado. Aunque no lo dije, lo escribí.

Ahora me pregunto, ¿por qué el sistema anduvo tan bien que llegó el sms al destinatario? ¿Por qué mejor no estaba sin crédito mi celular en ese momento? ¿O por qué mejor no me habría equivocado al mandar el mensaje?

Para mi infortunio, tal como se escribió, se envió y llegó. Y hoy puedo decir que no fue nada bueno al parecer.

27 de enero de 2009

La historia con Juank, hoy...



Me cuesta hacer este post. Todavía tengo la herida abierta; o mejor dicho un tremendo nudo en la garganta, para hacerlo menos dramático.
Así que para que no duela (o que no me ahogue, no sé), voy a ir por pasos.

Después de que el “susodicho” (llamemosle desde ahora Juank) no haya dado señales de vida (más que ese fucking toque en facebook), y con toda la ansiedad de saber el por qué de su desaparición, con todas mis dudas y las conjeturas que conllevan, decidí tomar el toro por las astas y... mandarle un sms... Como si fuese el santo remedio para todas las enfermedades.

Por empezar había que empezar a bajar las revoluciones. No podía esperar ninguna respuesta del otro lado. Podría ser que no contestara, o que sí lo haga siendo totalmente irónico, o el más hdp de todos. O podría responder con total normalidad, como si nada pasara.


Así que, luego de un tremendo esfuerzo de autocontrol, había llegado el viernes. Y con el, la necesidad de escribirle el triste mensaje. Más bien simple, o normal... era sólo un mensaje más:

“Ey, ke hay? Tanto tiempo... yo ak aburrida en ksa... vos?”

Y salí a correr.
Sí, a correr, a hacer ejercicios... unas vueltas cerca de casa.
Sabía que a la vuelta tendría la respuesta. “La verdad los hará libres” dicen por ahí. Y estaba segura que en esa respuesta o no-respuesta iba a encontrar mi verdad. Podría arreglar todo para vernos, o al menos enterarme que había pasado por su cabeza. Ver cómo y qué contestaba para saber si tenía que seguir gastando mis energías en él o podía cerrar en paz ese capítulo.
A la vuelta tuve mi respuesta. Una no-respuesta en verdad.
No contestó.