Pero siempre me pareció que la balanza estaba bastante inclinada, y no precisamente a mi favor.
Nadie nos felicita por no haber elegido aquel tan mal candidato o por dar fin a algo absurdo. No se festejan errores no cometidos, actitudes que obviamos evitando así futuros problemas o sufrimientos (que se multiplicarían por dos, o no) y no nos regalan nada por los nuevos aprendizajes que tanto nos costaron.
Si se celebra estar con “alguien especial”, ¿por qué no celebrar el no habernos conformado con el primer ser humano que se haya cruzado en nuestro camino?
Si hay una revolución en materia de cariños, besos, abrazos, cartas, regalos; sólo factibles de compartir con alguien al lado, ¿por qué no armar también una revolución con cada uno de los placeres que sólo son posibles en la soltería?
Si se elige un día en el año para festejar estar en pareja, no tendría por qué no existir un día que se celebre estar soltero.
No desde esa perspectiva negativa, quejosa o a veces divertida desde la que la mayoría de las veces nos lo tomamos; sino como opción, circunstancia o por qué no para algunos (pocos, creo) como forma de vida.
No es ponerse en la postura de “superada”. Existen momentos en que esa soledad pesa, en que queremos compartir y necesitamos encontrar brazos que se unan a los nuestros como piezas de rompecabezas.
Pero es pensar que tal vez, desde algún lado, estamos como queremos. Y siempre queremos lo mejor.
Así que, esta noche no pasen por casa: me voy a festejar el DÍA DE LOS SOLTEROS!!!

